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Estudió en Madrid y es licenciada en Ciencias de la Imagen
y Periodismo.
Comenzó su trabajo en la información cinematográfica
y la crítica de cine y ha desarrollado una amplia carrera en
televisión como realizadora, directora y guionista de series
y programas de ficción, culturales, informativos y documentales,
para cuya realización ha recorrido España, Europa y
Latinoamérica.
En 1999 dirigió "Sé quién eres", su
primer largometraje para el cine que fue seleccionado para la sección
PANORAMA, en el Festival de Berlín del año 2000. Más
tarde filmaría “El alquimista impaciente”, en 2001.
Actualmente está rodando su tercer largometraje de ficción,
titulado "Para que no me olvides", e imparte clases de dirección
de actores en la escuela de cine de la Comunidad de Madrid y en el
NIC-Instituto del Cine.
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Corría el verano de 2002 cuando entre
el aplastante fluir de las noticias en el periódico hubo un
titular que me hizo volver la página. Decía: “El
SIDA PUEDE COBRARSE LA VIDA DE 70 MILLONES DE PERSONAS ANTES DE 2020”.
¿Cuánto tiempo hacía que yo no había
oído hablar de alguien, cercano a mí, muerto a causa
del SIDA? ¿Meses? Quizá ya años. La gente ya
no se moría de SIDA. Después de los atroces años
80 y principios de los 90 parecía que podíamos respirar
tranquilos. Y, de repente, ese titular.
Se estaba celebrando la Conferencia Internacional sobre el SIDA en
Barcelona y, durante varios días, los periódicos vomitaron
páginas enteras plagadas de datos: en África el virus
amenazaba la mera existencia de países enteros; la enfermedad
se expandía con enorme rapidez entre las mujeres y de ellas
se transmitía a los hijos; los niños empezaban a ser,
no sólo huérfanos de padres con SIDA, sino también
enfermos. Pero, además, la epidemia empezaba a arrojar estadísticas
alarmantes en varios países asiáticos. Todas las previsiones
de extensión de la enfermedad que se habían hecho diez
años antes en la Conferencia de Florencia se habían
quedado cortas.
La sensación que la lectura de aquellos días me produjo
fue la de un inmenso fracaso. Todos los éxitos en la batalla
contra el SIDA dentro de las fronteras del primer mundo, se habían
convertido en fracasos en los países con menos recursos. Una
epidemia que cada día afectaba a 14.000 personas debía
avergonzar a gobernantes, organismos internacionales, a la profesión
médica y a todos los habitantes de los países desarrollados.
Cuando la productora “TUS OJOS” y UNICEF-COMITÉ
ESPAÑOL me propusieron unirme a su proyecto, no lo dude un
momento. Quería hablar de los niños afectados por el
SIDA. No sabía a dónde podríamos llegar, ni siquiera
si alguien se interesaría por ver lo que íbamos a hacer,
pero la propuesta se convirtió en una necesidad que me agarró
por el cuello y no me ha soltado hasta el día en que he podido
comunicar mi inquietud y mi sensación de fracaso a los que
vais a ver esta película.
Decidimos hacerlo en India y, concretamente, en Tamil Nadu, porque
es uno de los Estados del subcontinente con mayor índice de
infectados, pero también porque, precisamente debido a ello,
se habían puesto en marcha en Chennai (antigua Madrás),
su capital, y en otros puntos de la región, importantes campañas
de información y grupos de autoayuda para alertar a la población
y apoyar a los enfermos en su marginación. |
Patricia Ferreira |
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