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Lima, 1967. Estudia cine en Perú y Ciencias de la Imagen en
la Universidad Complutense de Madrid.
Javier Corcuera se dio a conocer con el éxito que supuso su
documental “La Espalda del Mundo”, Premio de la Crítica
Internacional en el Festival de San Sebastián. Una denuncia
de la violación de los derechos humanos con la que abofeteó
prácticas tan comunes en la actualidad como el trabajo infantil
o la pena de muerte.
Con “La Guerrilla de La Memoria” salta al pasado y se
queda en España para analizar los tiempos oscuros vividos por
los maquis que se negaron a aceptar la dictadura de Franco al final
de la Guerra Civil, manteniendo sus armas activas cuando los demás
daban por terminada la contienda.
FILMOGRAFÍA
Minuesa una ocupación con historia (1994)
Izbjeglice (Refugiados 1995)
Perú, presos inocentes (1996)
Familia: Making of (1997)
Chiapas hablan los rebeldes (1998)
Doñana. memoria de un desastre (1998)
La espalda del mundo (2000)
La guerrilla de la memoria (2002)
Condenados al corredor (2003)
Actualmente termina su siguiente trabajo, una película documental
sobre la guerra de Irak producida por Elías Querejeta.
Javier Corcuera es codirector del Festival Internacional de Cine del
Sáhara.
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En el mundo mueren un millón de niños al mes por causa
de la guerra, enfermedades curables o por hambre. En 2004 las diferencias
entre el Sur y el Norte, basadas en un orden económico injusto,
hacen posible que 270 millones de niños y niñas se encuentren
atrapados en el trabajo infantil. Este mundo les ha robado su infancia.
En mi película “La Espalda del Mundo” ya tocamos
el tema del derecho a ser niño y tuve ocasión de estar
cerca de esta realidad en mi país. En el Perú existen
cuatro millones de niños y niñas que salen todos los
días a trabajar. Cuando hicimos la investigación para
ese proyecto, muchas historias se quedaron fuera de la película.
Cuando TUS OJOS y UNICEF me propusieron recuperar alguna de aquellas
historias decidí viajar a Iquitos, una zona de la Amazonia
del Perú donde hay un abandono absoluto y donde pudimos conocer
a las niñas del barrio de Belén.
Al conocer esa realidad nos dimos cuenta de que la problemática
del niño amazónico es totalmente desconocida incluso
dentro del Perú.
También me interesaba hablar de las naciones de la Amazonia.
De sus problemas, de su pérdida de identidad. Así conocimos
a Eusebia, una abuela “Jebera” que vino del interior de
la selva a la ciudad de Iquitos y tuvo que trabajar desde niña.
Cientos de naciones de la Amazonia han tenido que dejar sus tierras,
han dejado de existir o se encuentran a punto de desaparecer.
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